Convocatoria LASA 2015

Con mi colega Leandro Delgado, profesor de la UCUDAL, estamos haciendo una convocatoria para conformar un panel sobre viajeros anarquistas en América Latina en el congreso de LASA de 2015, a realizarse en Puerto Rico.  Los interesados, por favor enviarnos un resumen de entre 300 y 500 palabras de sus propuestas y un resumen curricular a través del formulario de contacto en este sitio. La fecha límite para presentar las propuestas es el 25 de agosto.

Aquí va el texto de la convocatoria, en español y en inglés.

Viajes, geografía y anarquismo en América Latina

El viaje ha sido parte de la tradición del anarquismo, debido a la naturaleza internacionalista y cosmopolita de esta doctrina política, y también a causa de la persecución que han sufrido los militantes anarquistas. Científicos anarquistas europeos llegaron a América con el fin de llevar adelante investigación científica, establecer comunidades utópicas o difundir la doctrina anarquista. Para muchos de ellos, el continente representaba la promesa de una tierra donde sus ideas políticas podían ser puestas en práctica. Geógrafos, ingenieros y médicos estuvieron entre los anarquistas que vinieron al Caribe y a América del Sur transformando y ampliando la recepción del saber científico en las crecientes masas latinoamericanas en el fin de siglo. Élisée Reclus, Rafael Barrett, Belén de Sárraga, Juana Fernández Ferraz, Giovanni Rossi o Pietro Gori fueron algunos de los anarquistas que difundieron la doctrina y viajaron a lo más profundo del continente transformando y enriqueciendo sus propias nociones de ciencia y naturaleza. Por otra parte, los viajeros latinoamericanos frecuentemente entraron en contacto con las ideas del anarquismo durante sus viajes, como lo ilustran los casos de Manuel González Prada o Roberto de las Carreras. Este panel explorará el impacto de estos viajeros en América Latina. También estamos interesados en la discusión de obras no científicas de anarquistas europeos que también viajaron a América Latina, adaptando la doctrina al nuevo contexto, tales como Errico Malatesta, Luigi Fabbri y Luce Fabbri, entre otros. En todos los casos, estos autores escribieron una variedad de textos y testimonios que merecen ser analizado como aporte vital para entender la particularidad del anarquismo latinoamericano

Travel, Geography and Anarchism in Latin America

Travel has been part of the anarchist tradition, because of the internationalist and cosmopolitan nature of this political doctrine, and also because of political persecution of anarchist activists. European anarchist scientists came to America seeking to carry scientific research, to establish utopian communities or to spread the anarchist doctrine. For many of them, the continent represented the promise of a land where their political ideas could be put into practice. Geographers, engineers and medical doctors were among the many anarchists who came to the Caribbean and South America transforming and widening the reception of scientific knowledge of the growing Latin American masses of fin du siecle. Élisée Reclus, Rafael Barrett, Belén de Sárraga, Juana Fernández Ferraz, Giovanni Rossi or Pietro Gori were some of the anarchist that spread the doctrine and traveled deep into the continent transforming and enriching their own notions of science and nature. On the other hand, Latin American travelers got often acquainted with anarchist ideas during their trips, as the cases of Manuel González Prada or Roberto de las Carreras illustrate. This panel will explore the impact of the work and action of these travelers in Latin America. We encourage also to discuss the works of non-scientific European anarchists who also traveled to Latin America thus adapting the doctrine to the new context, such as Errico Malatesta, Luigi Fabbri and Luce Fabbri, among others. In all cases, these authors wrote a variety of texts and testimonies worth to be analyzed as vital inputs for understanding the uniqueness of Latin American anarchism.

Informe para Cristina Martínez Sacristán

Informe para la periodista española Cristina Martínez Sacristán, donde respondo a sus preguntas sobre cómo llegué a Nueva York, mi inserción en el ambiente literario y académico, y la actividad de librerías y circuitos de lectura hispanos en la ciudad.  El artículo de la periodista “‘Thinking’ en español.  Cuando Nueva York escribe castellano” apareció en la revista Qué leer de diciembre de 2013.

Yo llegué a Nueva York en el año 2005, a raíz del contacto que tuve entonces con los profesores Lía Schwartz e Isaías Lerner de la City University de Nueva York. Yo por esa época vivía en Israel, estaba haciendo un máster en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En el año 2004 obtuve una beca para participar de un curso para jóvenes hispanistas que impartía la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo en Santander, que era dirigido por Lía Schwartz y por el profesor José María Pozuelo Yvancos. En ese curso, la profesora Schwartz y su esposo, el recientemente fallecido Isaías Lerner, me hablaron de la posibilidad de venir a estudiar a Nueva York, ya que al programa doctoral de la City University le interesaba incorporar estudiantes interesados en literatura latinoamericana. Como yo ya estaba terminando mi máster, y venía trabajando sobre literatura neobarroca en Argentina, la oferta me llegó en el momento preciso, así que hice los trámites para ingresar a la City University y para recibir ayuda financiera.

Como escritor, yo ya estaba activo desde bastante antes de llegar a Nueva York. En mi Uruguay natal yo ya había participado en tertulias literarias y publicado algún artículo académico, pero fue en el momento de mi mudanza de Jerusalén a Nueva York que yo estaba terminando mi primer libro de poesía, Aterrizaje de primeros semovientes. La mudanza atrasó un poco los planes de publicación, pero finalmente el libro se publicó en Montevideo en 2007. En Nueva York encontré una comunidad de hispanohablantes bastante receptiva a lo que yo estaba haciendo, y a través de la escritora argentina Mercedes Roffé, que fue una de las primeras personas del ambiente literario local que contacté en la ciudad empecé a conocer a otra gente del ambiente cultural hispano, tanto de Latinoamérica como de España. Ella y un amigo granadino, Ernesto Estrella, hicieron la presentación de mi libro en Nueva York. Más adelante, Mercedes, que estaba llevando adelante la editorial Pen Press, un proyecto de publicación de plaquettes de poesía en español, me publicó un pliego con el poema “La cachila blindada”. Yo presenté ese pliego en el Chapbook Festival que se hace anualmente en el Graduate Center de la City University. En esa época estaba experimentando con software para procesamiento de sonido en Linux, en especial loopers y vocoders, que utilizo para procesar mi voz en las performances. El festival, que se realiza anualmente, es una excelente muestra de las editoriales independientes de poesía en Nueva York, y con Mercedes Roffé nos planteamos que debía haber allí una mesa de libros en español, ya que todas las editoriales allí representadas publicaban en inglés. Para nosotros, dada la presencia hispana en la ciudad y la actividad literaria en español, era importante estar representados. A los organizadores del evento les pareció muy buena la idea, y cada año estamos ahí presentes, cada vez con más libros de poesía en español.

Para mí es muy importante que la actividad cultural hispana en general, y literaria en particular, gane espacios en la ciudad y se asegure visibilidad. Una de las cosas que creo que hay que impedir es que la actividad de los escritores en español se transforme en un gueto, que no se comunique con lo que ocurre en el mundo anglosajón, desde luego dominante por razones obvias, pero con el que creo que se puede entablar un diálogo desde ciertas comunidades de intereses. En cierto modo, mi trabajo con la electrónica en las performances ha sido un modo de hacer que la comunicación poética se diera a un nivel que trascendiera las barreras del idioma. De ese modo logré insertarme en circuitos de lectura locales, leyendo en español pero en clave de poesía sonora, jugando con los efectos de audio, proyectando a veces traducciones de mis textos, o simplemente trabajando a partir del concepto de uncreative writing de Kenneth Goldsmith, pero con una vuelta de tuerca: mientras el fundador de Ubu Web es capaz de leer apasionadamente el calco de un texto, yo he trabajado a partir de ciertas listas significativas, como la lista de ingredientes de la inyección letal que le suministraron a Troy Davis (y que se suministra en general, a todos los condenados a muerte en Estados Unidos) o el catálogo de medicamentos psiquiátricos en el mercado estadounidense, cuya lectura proceso en loops, distorsiono y descompongo. Mi práctica no está exenta de cierta tradición latinoamericana que de hecho tuvo su impacto en la cultura literaria de Nueva York, como es el caso del concretismo brasileño (de hecho el mismo Goldsmith empezó su proyecto Ubu Web en internet como un sitio dedicado a la poesía concreta, que después se abrió a otras expresiones). Asimismo puede mencionarse la labor pionera en el arte conceptual del uruguayo Luis Camnitzer, docente en la State University de Nueva York, todavía activo en la ciudad, o la participación a fines de los 70 de otro uruguayo, Clemente Padín, en los intercambios de arte-correo de Fluxus. Prácticas todas que han sido objeto de mi interés académico relativo a la poesía contemporánea latinoamericana, su uso de las tecnologías y sus redes de intercambio. Si bien la incidencia de estos artistas es apreciada y reconocida en el ámbito cultural neoyorquino actual, siento que sigue siendo dificultosa la integración de escritores hispanos a las actividades literarias de la ciudad. En lo que me es personal, no puedo decir que me sienta discriminado; yo tuve la suerte de integrarme, a través del ámbito universitario, a un grupo de gente interesada en el intercambio de saberes y prácticas poéticas en diversos idiomas, el Poetics Group, en el que estuve involucrado en la City University de Nueva York. A partir de esta participación activa de mi parte, fui invitado en diversas ocasiones a presentar mi trabajo ante un público no hispano, la última de ellas fue la serie de homenajes a Federico García Lorca en Nueva York (http://lorcanyc.com), que se puede escuchar en línea. Mi aporte fue una lectura bilingüe de la “Oda al Rey de Harlem”, donde superpuse el original en español a su traducción al inglés mediante el uso de software libre para manipular mi lectura con efectos sonoros.

Esto me lleva a otra de las preguntas que me hacés, que tiene que ver con la actividad de las librerías en español en la ciudad. Vos mencionás dos, McNally Jackson que está en el Soho, y Barco de papel, que queda en Queens. Hay más de hecho, algunas que han abierto recientemente, como La casa azul, en Harlem o WordUp Books, en Washington Heights. Yo llegué de hecho a la ciudad en un momento en que cerraron dos librerías emblemáticas en español en la calle 14, Macondo y Lectorum (que hoy es una página web). Otra digna de mención es Calíope, en Washington Heights, que todavía lucha por sobrevivir, y que existe desde la época en que estaban activas sus hermanas de la calle 14. Creo que buena parte de los cambios que han experimentado las librerías en español en estos últimos años ha tenido que ver con las formas en que han incorporado nuevas estrategias comerciales y de inserción comunitaria, que pasan sobre todo por la sabiduría en el manejo de la comunicación a través de internet: uso de redes sociales, listas de correo dedicadas, etc. que complementan la actividad social y cultural que éstas desarrollan. McNally Jackson es de hecho una librería largamente establecida en la ciudad, que abrió una sección en español a cargo de un librero uruguayo, Javier Molea, que ya tenía experiencia de trabajo en librerías montevideanas. En su gestión Javier supo abrir el espacio de la librería a la comunidad de escritores hispanos locales, y ha colaborado estrechamente con instituciones académicas en la ciudad, sobre todo el programa de escritura creativa de NYU y el programa doctoral en estudios hispánicos de la City University. Con la adquisición de una imprenta propia, McNally Jackson también empezó a hacer publicaciones en español, imprimiendo los libros a demanda. Casi todos los fines de semana hay una actividad relacionada al ámbito de la literatura hispana como lecturas, presentaciones de libros o debates en el local del Soho.

Barco de papel tiene una actividad estrechamente ligada a la comunidad hispana de Queens, y en particular al colectivo “Poetas en Nueva York”, que permanentemente está haciendo actividades en su local. Este grupo estaba compuesto en sus orígenes por algunos jóvenes escritores colombianos, pero ha ido creciendo con el tiempo, integrando gente de todas las nacionalidades hispanas, llevando adelante maratones culturales por toda la ciudad, al punto de que es actualmente uno de los grupos más activos y que nuclea más gente en el ámbito literario hispano de Nueva York.

WordUp y La casa azul son las más nuevas, ambas en el alto Manhattan. La estrategia de ambas ha pasado por apostar a una fuerte inserción comunitaria en barrios donde existe una gran cantidad de hispanohablantes. WordUp en particular ha recabado apoyos para sus campañas en internet de figuras conocidas en el ámbito anglosajón, como es el caso de Junot Díaz, vecino de Washington Heights que se puso al hombro la campaña para reabrir la librería cuando se les venció el contrato de alquiler. WordUp estuvo cerrada por un año, y lograron, gracias a una fuerte campaña de donaciones y difusión a través de internet, reabrir en un nuevo local en el mismo barrio, a escasos metros del local original.

De estas experiencias puede deducirse la fragilidad que presenta todo proyecto de librería en español en Nueva York en las condiciones actuales. La apuesta a este tipo de empresas puede parecer una quijotada, y en cierto modo lo es, a menos que se logren equilibrar muy bien las potencialidades del universo virtual con el mantenimiento de las librerías como espacio social, del encuentro cara a cara, que de otro modo es imposible. La alianza con colectivos e instituciones, así como la percepción de que las redes informáticas pueden servir de aliadas a la circulación del libro, han sido clave en las estrategias de supervivencia de las librerías en español más nuevas.

Con todo, creo que lo académico tiene un peso enorme en el tejido social de la literatura en lengua española en la ciudad. Tal vez mi perspectiva sea sesgada, pues yo he estado en Nueva York estos ocho años siempre ligado a la vida universitaria. Pero de un modo u otro, en todas las actividades literarias que se realizan en la ciudad suele haber una presencia importante de gente vinculada a la academia, ya sea de estudiantes o de docentes. Lo que por otro lado no me parece mal, ya que los ámbitos académicos de la ciudad son bastante heterogéneos. Y a su vez, en Nueva York la escritura literaria es objeto programas académicos, ejemplo de ello es el caso del programa de escritura creativa en español de NYU (único en nuestra lengua en EEUU) o el taller que por un tiempo abrió la mexicana Carmen Boullosa en City College hace unos años. Si bien existe una tradición “callejera”, sobre todo vinculada a los newyorricans de los años sesenta y setenta, fuertemente enlazados con el movimiento beatnik, creo que hoy la tónica es distinta. El colectivo “Poetas en Nueva York” que mencioné antes es, de los grupos activos actualmente, el que más recoge de esta tradición de rebeldía callejera que caracterizó otrora a los beatniks, lo que puede verse en sus intervenciones públicas: lecturas en la estación del metro, sus maratones que tienen el carácter de verdaderos happenings, o la experiencia de lectura colectiva que realizaron en el parque Zuccotti durante la ocupación de Wall St. en la que se apropiaron de la práctica del micrófono colectivo que caracterizó a las asambleas generales de la ocupación como elemento para la performance poética.

Enlace a “Gran manzana, gran apple, big apple. . .”, del blog de Cristina Martínez Sacristán

 

Jugando con Turpial en Saucy, ¡feliz 2014!

El cliente bolivariano de Twitter, Turpial, acaba de sacar una nueva versión estable, la 3.0. Para aquellos como yo que extrañamos la disposición en columnas de los mensajes, este programita puede resultar muy agradable. Yo últimamente venía usando Hotot, que se puede instalar como un plugin en Chromium.

El programa no está disponible en los repositorios de Ubuntu, aunque solía estarlo, si mal no recuerdo. Yo lo instalé a mano en mi computadora para hacerme un regalo de año nuevo, y caminó bastante bien después de buscarle un poco la vuelta. Se necesitan descargar dos paquetes con código fuente desde la página de descargas de Turpial: turpial-3.0.tar.gz y libturpial-1.0.tar.gz.  Son la interfase gráfica de usuario y el back-end respectivamente. Antes de compilar Turpial, lo primero es instalar los paquetes necesarios para hacer correr el programa, que está escrito en Python:

sudo apt-get install python-notify \
python-gst0.10 \
python-jinja2 \
python-babel \
python-pybabel \
python-webkit \
python-setuptools \
python-pkg-resources \
python-qt4 \
python-gtk2

Una vez instalados los paquetes necesarios, se puede proceder a descomprimir los archivos con el código fuente (asumo que están en el directorio de inicio, de otro modo, hay que navegar a donde estén):

tar -xvf libturpial-1.0.tar.gz
tar -xvf turpial-3.0.tar.gz

Una vez descomprimidos, se entra con la terminal al directorio con el back-end y se ejectuta el comando de instalación:

cd libturpial-1.0
sudo python setup.py install

Hecho esto se vuelve al directorio donde se hayan descomprimido los paquetes con el código fuente, y se repite la operación en el directorio que contiene la interfase de usuario:

cd turpial-3.0
sudo python setup.py install

Ya debería estar todo listo. El programa se ejecuta con el comando:

turpial

La primera vez que corre, te pide que ingreses los datos de tu cuenta de Twitter para proceder a la autorización de Turpial según el protocolo OAuth. Vas a recibir un número que debes ingresar en la parte de abajo de la ventana de autorización, y voila!

Turpial en mi computadora

De todos modos, todavía hay cosas que me gustaría ver, como la posibilidad de abrir columnas para seguir otros usuarios de Twitter o listas personalizadas. Por ahora sólo se pueden abrir cinco columnas predefinidas: la línea de tiempo, las menciones públicas, los mensajes enviados, los mensajes privados y los favoritos. Tampoco he logrado hacerlo funcionar con Identi.ca, que ha perdido conectividad para la mayoría de los clientes que se conectaban a ese servidor desde que implementó Pump.io. Yo he probado con Dinara (paquetes de Debian aquí), con buenos resultados, pero la verdad es que tengo a Identi.ca un poco abandonado. Tener todo en un mismo lugar no estaría mal.

¡Feliz año!

Mi acercamiento al tema de los bienes comunes

Este texto fue remitido a los estudiantes de la New York University, que me invitaron a exponer sobre mi vinculación al tema de lo común, al que le dedican este año su congreso anual de estudiantes graduados.

Mi acercamiento al tema del bien común viene de diversos ámbitos. En primer lugar, de mi militancia en defensa de la educación pública en el movimiento estudiantil uruguayo que llevó adelante una serie de ocupaciones de centros educativos en los años 1996 y 1997.  En años más recientes, este compromiso se expresó en mi involucramiento en el grupo de promoción de políticas de acceso abierto a la producción académica que se formó en el Graduate Center de CUNY.  A partir de allí contribuí a promover en la universidad pública de la ciudad de Nueva York el uso de software libre para la publicación académica. Algunos ejemplos son el uso de Open Journal Systems (plataforma de publicación de la revista LLJournal, que se publica desde el año 2006) y CUNY Academic Commons, un desarrollo comunitario basado en BuddyPress.  Asimismo, desde este grupo, y posteriormente como miembro del comité encargado de la supervisión de la biblioteca de la universidad, apoyé la adopción de políticas institucionales de promoción del libre acceso al conocimiento y de modelos de licenciamiento de la producción académica que aseguraran la libre difusión del saber, tales como licencias GPL o Creative Commons.

Para mí es necesario que los investigadores adoptemos medidas contra las prácticas monopólicas de las grandes editoriales que lucran con el saber que producimos.  El costo del acceso al conocimiento eventualmente se traduce en un aumento del endeudamiento educativo, en un sistema donde el saber está fuertemente privatizado.  La defensa del conocimiento como bien común está, en mi caso, enraizada en la historia de la enseñanza pública latinoamericana de la que me siento parte, y en la convicción de que las nuevas posibilidades de intercambio de información que abre el software libre permiten superar, si nos animamos a hacerlo, las barreras que las formas de intercambio capitalistas que gobiernan la distribución del saber nos imponen.

Mi interés en el software libre tiene un origen en realidad bastante casual.  Mi frustración creciente con los sistemas operativos propietarios me llevó hacia 2005 a adoptar Linux en mi vida cotidiana.  Como es sabido, la rica variedad de distribuciones de Linux constituye un buen ejemplo de bien común:  un gigantesco repositorio de código accesible gratuitamente que cada usuario puede copiar, modificar y contribuir a mejorar, una vez que se interioriza de las modalidades de funcionamiento de la comunidad de usuarios y desarrolladores. Entiendo que el modo de funcionamiento de esta comunidad puede servir como modelo de referencia tanto para la creación e intercambio de saberes científicos (de allí la aparición del concepto de “Ciencia abierta”) como para la organización de movimientos políticos de carácter abierto y horizontal, como lo planteó en su momento el grupo de trabajo de TechOps en Occupy Wall Street.

Mi interés por las posibilidades que el software libre ofrece no se limita únicamente a su uso académico, cada vez más extendido, o a sus potencialidades políticas.  En mi actividad artística aprovecho los programas disponibles en los repositorios de Linux para el procesamiento de audio, como habrán podido apreciar los que hayan tenido oportunidad de ver mi trabajo como performer que la New York University me invitó a presentar en el año 2011.  La opción para mí es tanto técnica como ética.  A mi modo de ver, el uso de software propietario limita la creación artística, en la medida en que pone al creador a merced de los caprichos de las compañías que comercializan los programas, y que ven en el artista a un cliente.
Las experiencias a las que vengo haciendo referencia  me resultaron útiles cuando me involucré en la organización de Occupy Wall Street en el año 2011.  Allí mi participación se centró en servir como enlace entre el grupo de trabajo OWS en español y TechOps, de modo de asegurar la presencia de la comunidad hispana que estaba participando del movimiento.  En ese contexto, la labor de TechOps me resultó de mucho interés puesto que el grupo se proponía proporcionar al movimiento una serie de herramientas e infraestructuras informáticas que tienen un carácter autónomo respecto a las mediaciones que ejercen las grandes compañías de comunicación privadas en la red.

De Occupy Wall Street surgieron algunos proyectos en los que me involucré, como el periódico IndigNación, la Free University, y el foro Making Worlds, del que soy uno de los organizadores y también responsable de su sitio web.  En este foro nos ocupamos de reunir diversas organizaciones que trabajan en torno al tema de los bienes comunes.  Allí se nuclean algunos de los grupos de trabajo que quedaron activos desde el desalojo de OWS e intercambian información y metodologías con otras organizaciones comunitarias. La idea inicial era crear un grupo que nucleara a gente que hubiera estado participando en diversos proyectos de Occupy Wall Street, con el fin de generar un intercambio y darle continuidad al movimiento.

En el primer foro yo estuve encargado de coordinar el taller sobre arte, cultura y educación. En ese taller participaron miembros de Occupy Museums, Arts and Culture Working Group, Strike Debt y The People’s Library.  En mi exposición “From Copyright to Copyleft” yo planteé la discusión de cómo los modelos de licencias abiertas podían contribuir a un intercambio más horizontal y sostenible del conocimiento y la cultura.  En el segundo foro que realizamos este año, que tuvo una estructura más abierta, yo moderé el debate sobre el cuidado mutuo.

Zohar: la primavera árabe y la ocupación de Wall Street desde el humor y la espiritualidad

Zohar, el personaje que aparece a lo largo de las viñetas publicadas como comentario cotidiano de lo que nos pasa a partir de la aparición de nuevos movimientos sociales, es al mismo tiempo una versión del contemplador que interviene en la escena y una alusión concreta a la tradición cabalística, que se inaugura con el libro homónimo. El Sefer Zohar (“Libro del resplandor”) aparece en España por primera vez en el siglo XIII, bajo la firma de Moses ben Sem Tob de León. La firma, sin embargo, remite a diferentes sujetos de la escritura apuntados en la literatura masorética: en la tradición ortodoxa, a los patriarcas Abraham y Moisés que habrían recibido directamente de Dios el texto fundacional de la Cábala, transmitido oralmente hasta que en el siglo II después de Cristo uno de los refugiados tras la derrota de la rebelión de Bar Kojba, Shimeon Bar Yojai, lo pone por escrito. Moses ben Sem Tob de León atribuye el libro a este último; sin embargo su viuda afirmó después de su muerte que la atribución se debía al deseo de su esposo de conferir valor al libro y así poder venderlo más fácilmente.

Este tipo de ironías atraviesa la historia de la masoret, a la que Zohar alude elípticamente: entre lo apócrifo y lo genuinamente inspirado, la condición no garantizada de la existencia en la diáspora altera las condiciones específicas en las que el personaje recorre los acontecimientos que afectan nuestro presente: la primavera árabe y la ocupación de Wall Street. Zohar es un errante que pasa por estos eventos, Ahashverus que interviene en el presente para problematizarlo, para plantear la pregunta sobre cuál es la posibilidad en los contextos críticos del presente de mantener los equilibrios éticos y humanos que presentan el Zohar y el Sefer Ietzirá como modelo ideal de equilibro entre el hombre y el cosmos.

En la actividad como artista plástico de Alejandro Dron se reconoce la impronta tanto de la tradición judaica a la que vengo aludiendo como de la propuesta del movimiento MADÍ iniciado a fines de los 40 por Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin. Allí aparecen enunciados principios estéticos que apuntan a dar al arte una nueva dirección luego de lo que el manifiesto considera un fracaso de las sociedades industrializadas al terminar la segunda guerra mundial:

En los países que alcanzaron la etapa culminante de su desarrollo industrial, el viejo estado de cosas del realismo burgués desapareció casi totalmente; en ello el naturalismo se bate en retirada y se defiende muy débilmente. Es entonces cuando la abstracción, esencialmente expresiva, romántica, ocupa su lugar. En este orden están involucradas las escuelas de arte figurativo, desde el Cubismo hasta el Surrealismo. Tales escuelas han respondido a necesidades ideológicas de la época y sus realizaciones son aportes inestimables a la solución de los problemas planteados a la cultura de nuestros días. No obstante ello, su tiempo histórico debe darse por pasado, por otro lado, su insistencia en el tema “exterior” a sus cualidades propias es un retroceso al servicio del naturalismo contra el verdadero espíritu constructivo, que se extiende por todos los países y culturas, como es el caso del Expresionismo, Surrealismo, Constructivismo, etc. (Manifiesto Madí)

La respuesta será un arte abstracto, “puntos y líneas sobre una superficie”, un viraje hacia la geometría que busca su relación con las formas de arte indígenas y en general, no occidentales. Alejandro Dron redescubre de esta forma el potencial abstracto de los diseños geométricos del alfabeto hebreo, que fueron el material fundamental de sus series escultóricas: la letra como soporte abstracto de la figuración geométrica. Zohar es también una figura geométrica, la combinación de dos triángulos que hablan desde su mutismo. Letra muda, como el Aleph, está sin embargo concitando los significados que las acciones del personaje operan sobre el presente. Como Madí, su lugar de enunciación no es la voz sino la performance de una crítica.

El objeto de la crítica es el presente. Está dirigida al mismo tiempo desde el humor y la espiritualidad. Zohar es un testigo privilegiado de la inflexión actual del capitalismo, en el que los procesos de acumulación de capital que el sistema financiero venía generando ponen en peligro la existencia misma de la humanidad como especie. Este capitalismo, a diferencia del que analizó Marx y del que los miembros fundacionales de Madí conocieron, no se basa en la producción sino en el crédito. Su capital no reside en bienes concretos sino en promesas de pago, especulaciones bursátiles, en la fachada de una solvencia que se balancea sobre el vacío. Su mejor símbolo es el hueco, un hueco con el que Zohar juega, estableciendo en sus bordes la posibilidad de una existencia más allá del espacio delimitado por las relaciones de capital.

Para los que estamos involucrados en la ocupación de Wall St., Zohar resulta un aliado, que desde su mutismo puede aportar con su acción un grado conciencia crítica sobre los juegos de prestidigitación que nos ofrece el capital financiero. Su actitud paródica respecto al presente y su condición errante, nos permiten recordar que es posible abrir un espacio de autonomía siempre y cuando se mantenga respecto de las circunstancias actuales de crisis del capitalismo una distancia crítica.

Cuatro preguntas para Alejandro Dron

En el pasado, tu escultura ha trabajado sobre el modelo del alfabeto hebreo, uno de los primeros alfabetos fonéticos de la humanidad.  Los dibujos de Zohar parecen sin embargo más cercanos como escritura al jeroglífico, la imagen ideográfica que remite a una representación intelectiva de la realidad. ¿Cómo relacionas estas dos formas de significación?

Es una buena pregunta. Desde niño me fascinó el alfabeto hebreo. Desde que comencé a estudiar arte a los 10 años me atrajo la geometría. Luego me acerque a la escultura inca. Mas tarde volví a mis raíces judías, estudie Cabala, el alfabeto hebreo, como fuentes de inspiración. Después estudie el Movimiento Madí y su breve manual de sabias instrucciones.  Creo que el alfabeto hebreo fue creado con lo mínimo. Balbuceo formal y máxima sabiduría visual. Esas formas negras y austeras son pretextos para delimitar el blanco sagrado de la pagina, del universo. Zohar y mi arte escultórico muestran un despojamiento metafórico que busca sanar a través de lo real.

La poesía como la revelación mística es difícil de comunicar. Moisés tartamudeaba (y quizás Ds lo eligió por eso).  Cuando balbuceás la gema está en bruto. Cuando se la pule su brillo es artificial. Esto pasa con los dibujos de Zohar, con los temas de mis esculturas. Trato de no alejarme de esa zona poética del nanosegundo primigenio.

Has reconocido en tu trabajo la herencia del movimiento Madi iniciado a fines de los 40 por Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin, que ofrecía un planteo fuertemente ligado a la tradición abstracta de la vanguardia.  ¿Cómo describirías el recorrido desde la abstracción hasta el comentario que sobre el presente operan tus ilustraciones?

Me lo pregunto todo el tiempo. Como siempre dibuje para hacer mi escultura, dibujar para mi es ya como escribir. Para la escultura escribo la nada que me obsesiona y no entiendo, con Zohar escribo sobre otros temas que me obsesionan y no entiendo.

El Manifiesto Madí en Argentina en 1946 opero como tabula rasa en oposición todo tipo de representación, fue una reacción en contra del surrealismo, mas precisamente de la ontología europea. Ya antes había sucedido algo así en Rusia con el suprematismo de Malevich en 1915, y con el Manifiesto Realista de Gabo en 1920. Mi amigo Jaime Davidovich, importante artista neoyorkino nacido en Argentina, ni bien conoció a Zohar me dijo que Zohar era Madí. Y agregó: “en los 50 el arte Madi en el cubo blanco, en el 60 es post-madi en el espacio publico y en el siglo XXI es Zohar vestido de Madí. esta es la idea hermano.  Destruir las diferencias entre high art y low art.” Quizas haya algo de verdad en esto.

Argentina fue en el 2001 espacio de un nuevo tipo de movimiento social que en buena medida puede decirse que antecede e incide sobre los movimientos actuales de la primavera árabe, en particular el levantamiento egipcio del 25 de enero, y sobre la ocupación de Wall St.  ¿Tus viñetas atestiguan de algún modo esa relación tuya como argentino con estos otros levantamientos?

Tanto las pirámides como los rascacielos congelan el tiempo, representan la exclusión social y generan violencia.  Cuestiono a la avaricia, el gran tema de hoy en todo el mundo, pero mas aquí en Estados Unidos. La lucha contra la avaricia es lo que los levantamientos árabes y de Wall St. tienen en común. No me interesa tanto atacar a los ricos, a las corporaciones. Prefiero concentrarme en la sin razón de la avaricia.
De la argentina me preocupa mas la avaricia ideológica.

Hoy vivimos en medio de un cambio energético social sin precedentes. Creo que la gran movida social es cambiar lo antes posible el régimen energético del petróleo por energías renovables. Asi la pirámide social se transformara en meseta social con mas inclusión. Pienso que el cambio vendrá mas por el lado de la gente y de la ciencia que por el lado político o corporativo.

4.  En tus ilustraciones hay muchos comentarios que se hacen desde la espiritualidad, ya señalada desde el propio nombre del personaje, que en definitiva remite a un libro central para la cábala.  ¿Se puede entender Zohar como una mirada desde la tradición judía (una mirada masorética stricto sensu), en donde el humorismo que la atraviesa tiene también un rol?

Creo que el creador se inclina mas por Abel, el pastor que pasa caminando sobre la tierra que Cain quiere poseer. Con Zohar -que es un Abel encubierto- hago política. Con el me paseo por estos levantamientos sociales caminando entre cuerpos, piramides, pozos y rascacielos con bolsito y carpa. Y creo situaciones para pensar y disfrutar, como Haikus visuales.

Después del Shoa Zohar se quedo mudo. Vive mirando mientras camina sin parar. Enfrento rostros para sentirnos mas responsables como decía Levinas.

Creo que sí, que hay una manera de pensar judía. Una mecánica diferente. Un cuerpo real. No un cuerpo sustituto de dogmas. Un modelo Abelino mas que Cainitico. Practica sobre teoría. Normativa. Unidad vs. dualidad. Tensión entre fijo y móvil, entre ley e interpretación. Interpretación que molesta a los poderes establecidos, a los dogmas, a los cánones. Esto -y- lo otro: política de la contradicción. El día comienza por la noche…De la noche se pasa a la luz del día, etc, etc.

El pensamiento judío juega en pareja a la pelota/paleta con el frontón de lo absoluto. ¡Tamaño compañero de juego! Zohar es un Zelig que busca su pareja en este peculiar deporte. No le teme a aumentar la entropía. Y aventurarse en intentar construir algún sentido u orden del fenomenal caos en que vivimos. ¿Su estilo? Brutal ternura y mucha cabeza.

Presentación de la nueva antología bilingüe de poesía uruguaya

 

Imagine Uruguay

El próximo viernes 20 de julio a las 7:30 de la tarde, se va a presentar la antología Imagina Uruguay.  Antología de Poesía Uruguaya Contemporánea en la librería McNally Jackson, ubicada en 52 Prince St., Nueva York (ver mapa).

Selección y prólogo:

Laura Alfonzo Duarte
Elizabeth García de los Santos

Los poetas incluidos  en esta antología son:

Pedro Dalton
William Johnston
Virginia Lucas
Mariella Nigro
Thiago Rocca
Daniel Vázquez
Marcos Wasem (un servidor)

Traducción de Pedro Dalton, William Johnston, Virginia Lucas, Pablo Thiago Rocca, Daniel Vázquez y Marcos Wasem a cargo de Elizabeth Hampsten y Andrés Hernández. Colaboradora:  Silvina Coalla.
Traducción de Mariella Nigro a cargo de Laura Chalar.

A los que estén por la ciudad, nos alegraría verlos por allí.

El libro se puede adquirir en el sitio web de McNally Jackson.

Quién era Flores

PosadasHace un tiempo me han vuelto a preguntar quién era Flores, el personaje histórico al que está dedicado el poema “Cadáveres” de Néstor Perlongher.  Como no lo he señalado en mi libro sobre su poesía, creo que es bueno hacerlo. El dato aparece en un artículo de Osvaldo Coggiola sobre la historia del trotskismo en Argentina, publicado originalmente en la revista del Centro de Estudios Históricos y Sociales sobre América Latina de la Universidad de París III en 1980 y recogido en el 89 por la revista británica Revolutionary History.1   Allí se consigna que Flores era un seudónimo temprano de Homero Cristali, mejor conocido más tarde con otro seudónimo, Posadas, fundador de la Internacional posadista, jugador de fútbol en Estudiantes de la Plata y teórico de la revolución permanente a nivel interplanetario.

“Flores” era el seudónimo que Cristali usaba en los años cuarenta, durante su período de militancia en Córdoba.  Durante esos años, la sección argentina de la cuarta internacional había sido creada de forma autónoma, y no tenía contacto con la Comisión latinoamericana de esa organización.  Los diferentes grupos trotskistas argentinos estaban aislados y dispersos en el país, y no habían participado de instancias a nivel internacional. Con el fin de unir los diversos grupos dispersos e integrarlos, en 1941 Terence Phelan (seudónimo de Sherry Mangan) llega a Argentina, como apunta Coggiola:

In Argentina Phelan also noted the weakness and fragmentation of the groups of Trotskyists. Displaying great energy, he travelled throughout the country and convinced the ‘regional’ groups of La Plata, Santa Fe, led by Narvaja, and Córdoba, where there were both Esteban Rey and ‘Flores’ (an early pseudonym of Posadas) – to join the unity process. Eventually, he succeeded in uniting them all in a Unity Committee in which, in August, he then proposed that the LOR participate.

“Cadáveres” fue escrito en 1981, el año de la muerte de Posadas en Roma.  La filiación trotskista de Perlongher dejó varias huellas en su poesía.  El caso más notorio es el poema “Lago Nahuel”, dedicado al histórico dirigente trotskista Nahuel Moreno del PRT.  Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria consignan en la edición de Prosa plebeya que, del mismo modo  que “Cadáveres” fue dedicado a Posadas, “Lago Nahuel” fue escrito a raíz de la muerte de este dirigente trotskista:

Durante su militancia trotskysta Perlongher trató personalmente a Nahuel Moreno, dirigente histórico de esa corriente política en Argentina.  A propósito de su fallecimiento escribió este poema el 27 de enero de 1987, luego publicado en Hule.

El tema de las relaciones de Perlongher con los partidos de izquierda en los que militó (PO, PRT, más adelante el PT de Brasil, cuyo surgimiento analiza en el ensayo “Devenires minoritarios”) es complejo, dado que su periplo por las militancias izquierdistas no estuvo exento de desencuentros. Con todo, como ha señalado Flavio Rapisardi en un artículo con enfoque histórico sobre el movimiento homosexual en Argentina, si bien es cierto que la temática sexual podía resultar incómoda a ciertos cuadros dirigentes, en particular los vinculados al Partido Comunista, pero también a Montoneros (que, como cantaban, no eran “putos ni faloperos”; Perlongher dedica un espacio importante a la relación del FLHA con el peronismo en su “Historia del FLH”), era sin embargo la izquierda el único espacio político donde podía empezarse a plantear un debate sobre la opresión a la homosexualidad. Ello en el marco más general del funcionamiento de la opresión en el seno del capitalismo, del cual la homofobia sería una expresión coherente a la ética inherente al “espíritu del capitalismo”, como lo denominara Weber.

El costado político y militante de Perlongher ha venido siendo analizado, entre otros por Ben Bollig en un extenso estudio (el más comprensivo, a mi modo de ver, sobre su obra, que tuve oportunidad de reseñar) y más recientemente en un trabajo que presentaron Mario Castells y Carla Benisz a las I Jornadas de historia de la crítica en Argentina. Ambos señalan el distanciamiento paulatino de Perlongher del trostskismo. Ben Bollig es más específico, al calificar su deriva política como una asunción de posiciones crecientemente anarquistas. De todos modos, las huellas del la militancia trotskista de Perlongher son apreciables a lo largo de toda su obra, así como en algunas estrategias, entre la que llama la atención su particular interpretación del “entrismo”, que parece haber sido reciclado incluso en sus acercamientos antropológicos al miché paulista.

Recuerdo que una vez, cuando tuve oportunidad de exponer mi  investigación sobre Perlongher en NYU, se me hacía notar lo problemático de establecer una relación entre las posturas políticas de Perlongher y la izquierda dada la historia de conflictividad que ésta había tenido en el pasado con los movimientos por los derechos de las minorías sexuales, cuando no abierta homofobia (que por supuesto, no es patrimonio exclusivo de ningún sector político).  Creo que en primera instancia habría que preguntarse qué izquierda, cuál de todas, y también cuándo:  hoy por hoy, las izquierdas latinoamericanas han incorporado las reivindicaciones de estos movimientos a sus agendas políticas. Mi percepción es que, en el caso de Perlongher, como una suerte hijo pródigo del trotskismo, sus cuestionamientos políticos a los partidos de izquierda se hacen desde una verdadera oposición de izquierda, desde una radicalización revolucionaria a partir de lo sexual, que no está exenta de una tradición en el seno del pensamiento socialista ya en el siglo XIX, como lo prueban los debates sobre el amor libre entre los anarquistas de aquel tiempo.


1 Revolutionary History. Vol. 2 No. 2, verano de 1989. Nationalism, resistance and imperialist war: Trotskyism in Argentina and Scandinavia. Accesible en: http://marxists.org/history/etol/revhist/backissu.htm. Ver la segunda parte del artículo para la referencia.

Periplos okupa

Publicado en Freeway (Montevideo) y en Indig-NACIÓN (Nueva York)

Salí de Uruguay en el año 2000, para irme a vivir a Jerusalén por cinco años más, y terminar en Nueva York. Un periplo removedor, sin duda, en todo sentido de la palabra:  remoción física y mental. Mi vida en esos años de recrudecimiento del sempiterno conflicto árabe-israelí me eximieron de toda mirada turística hacia el estado de Israel y su política de ocupación. Las vueltas de la vida universitaria me trajeron a Estados Unidos, desde donde escribo estas páginas ahora mismo. Acá también hay un par de guerras, pero se ven por televisión, codificadas con estética de videojuego en los reportes de Fox News que el almacenero (aquí le llaman bodeguero) de abajo del edificio donde vivo pasa las veinticuatro horas. En el 2009 llegó la crisis. Mi madre, conversando un día por teléfono, un día me decía que yo debía ser “gafe”, porque a cada lado que iba, se armaba quilombo. Recuerdo que el día que me subí al avión para ir a Israel, Ariel Sharón había ido a la explanada de las mezquitas en Jerusalén. Al día siguiente —día de mi aterrizaje— comenzó la segunda Intifada, que formaría parte de mi experiencia cotidiana los siguientes cinco años. Llegado a Nueva York, el gobierno desastroso de G. W. Bush logró, sin proponérselo, cumplir con el sueño anti-imperialista del derrumbe del imperio.

Una de las respuestas fue el movimiento Ocupar Wall Street, surgido de una iniciativa del grupo canadiense Adbusters, como una forma de trasladar al seno de la sociedad estadounidense, y en particular a la “barriga del monstruo” (alusión martiana a Nueva York, que para mi sorpresa estaba bastante extendida entre la gente que participaba del movimiento) la experiencia de levantamientos populares que se venía dando en Medio Oriente y Europa, y que también tenía sus antecedentes en las movilizaciones latinoamericanas que marcaron el fin del apogeo ideológico neoliberal, en particular, el movimiento asambleario argentino, en el que habían participado algunos de los  organizadores de la ocupación del parque Zuccotti en Nueva York.

La idea no era extraña para mí. Yo ya había participado en las ocupaciones que llevó a cabo el movimiento estudiantil en Uruguay en el año 1996, y en Israel había tenido oportunidad de participar en las reuniones de Ta’ayoush, el grupo de cooperación árabe-judío, que si bien se centraba en la lucha contra la ocupación militar de Palestina por el ejército israelí, había tenido que acudir a la táctica de la ocupación en algunas ocasiones. Una de ellas fue la ocupación de la cancha de fútbol de la universidad palestina de Al-Quds, en Jerusalén oriental, para evitar que el muro que estaba construyendo el gobierno de Israel atravesara el campus universitario. Unas semanas después de esa acción  volví al lugar, para comprobar que el muro se combaba eludiendo la cancha, y seguía un poco más al norte con la ruta prefijada, para reunirse con el tramo construido en Samaria.

Las ambigüedades semánticas del término ocupar no estuvieron ajenas al debate del movimiento Ocupar Wall Street: por ejemplo, los puertorriqueños plantearon la necesidad de incorporar la retórica de la desocupación en casos de dominación colonialista. Llamaron a las asambleas en San Juan (Des)ocupa Puerto Rico. Pero más allá del debate sobre los términos y la semántica, lo que personalmente me llamó la atención fue el hecho de que en esas tres diferentes experiencias políticas en las que había participado con tantos quilómetros de distancia alrededor del mundo (Uruguay, Israel, Estados Unidos) existían ciertos denominadores comunes: la toma de decisiones por consenso en una dinámica asamblearia, la búsqueda de mecanismos de participación política horizontales o el aprovechamiento de medios de comunicación alternativos, como radios comunitarias o las redes sociales de internet.

En este sentido, importa constatar la importancia creciente que estos medios han tenido. Cuando participé en la ocupación del Instituto de Profesores Artigas (donde estudiaba la carrera de literatura en Montevideo) en el año 96, nuestra estrategia se basó en montar una radio comunitaria con una antena en el techo del edificio. Las posibilidades de alcance eran modestas en ese entonces. Internet, por aquella época, estaba en pañales. Pero a lo largo de los años, la expansión del acceso, la ubicuidad de las redes p2p y el advenimiento de la web 2.0 hicieron que el potencial político de estas nuevas maneras de comunicación comenzara a ser aprovechado cada vez más por los movimientos sociales. En ese sentido, Ocupar Wall Street viene generando una serie de experimentos de participación política horizontales en línea, siguiendo modalidades de trabajo y procesos de toma de decisión provenientes de los métodos de elaboración del software libre, donde la comunidad de usuarios puede acceder al código fuente de los programas informáticos, testearlo, desarrollarlo y contribuir mejoras a su funcionamiento. En ese sentido, el foro de la Asamblea General de Nueva York (http://nycga.net) basado en la plataforma abierta de BuddyPress, es un ejemplo, entre otros, de puesta en práctica de esta filosofía, y funciona como plataforma permanente de debate tanto de la asamblea general como de los grupos de trabajo.

En el conjunto del movimiento, existen unos ciento veinte grupos de trabajo que se focalizan en diversas tareas, desde asuntos operativos, como acciones directas u organización de eventos, así como de la cocina o la infraestructura informática y mediática, hasta proyectos de debate sobre alternativas al neoliberalismo: grupos de trabajo sobre economías alternativas (“Like it or not, Marx is back”), contra los desalojos de los hogares (una de las caras más tristes y visibles en la actual crisis estadounidense), temas educativos (creación de una “universidad nómade”, la iniciativa contra el endeudamiento universitario y por el libre acceso a la educación, etc.).

Si bien una de las críticas que más han sonado sobre este movimiento ha sido su falta de demandas concretas, para los que venimos participando en la asamblea general y los grupos de trabajo está muy claro que se trata menos de demandar que de poner en práctica alternativas de discusión política y de comunicación que tienen la ventaja de impedir toda cristalización pasible de ser cooptada por los poderes estatales. Si bien se han propuesto demandas específicas (como la reivindicación de un programa laboral público, “Trabajo para todos”, a ser financiado por medio de una redistribución fiscal que apunte a romper con el ciclo de acumulación del capital, y que no tenga en cuenta el estatus migratorio ni el pasado penal de los beneficiarios), no es la finalidad del movimiento presentar demandas a un gobierno que se ha mostrado poco efectivo en llevarlas a cabo (de allí la gran decepción con las promesas electorales de Obama), sino más bien de transformar por la vía de los hechos la esfera pública, haciendo que cambien por completo los términos del debate político tal como se venía dando hasta el momento.

Las linternas flotantes, de Mercedes Roffé

Mercedes Roffé sigue la huella de la poesía decadentista, huella que en nuestro medio ha tenido sus seguidores, desde Delmira Agustini o Roberto de las Carreras hasta cultores más recientes, como Julio Inverso o Marosa Di Giorgio. Esta voz, venida de allende el Plata, aunque actualmente la autora resida en Nueva York, aparece en la literatura argentina bajo el antifaz de un alter-ego, Ferdinand Oziel, autor olvidado de un libro (El tapiz) del que sólo podemos apreciar el rescate fragmentario de unos textos mutilados por la censura. El fragmento como condición necesaria de una escritura que no se somete a una voz autorial es un rasgo que reaparece en Las linternas flotantes, este último libro de Roffé, donde es válida la propuesta que Teresa Porzecanski hace sobre el texto como diáspora, cuando la crítica se refiere a las escrituras de Perlongher y Lispector:

Se ha reflexionado mucho respecto de la relación entre texto e identidad en las literaturas llamadas “étnicas”. En oposición a las hipótesis que sostienen que los autores étnicos escriben para “recuperar” o “elaborar” sus identidades culturales, estos […] escritores judíos latinoamericanos […] parecen haber escrito para esfumar sus rostros, para pasar de una identidad y circunstancia reconocibles por sus referentes (la biografía, por ejemplo), a otra de tránsito, de nomadismo, de peregrinaje. Han escrito para transitar de sí mismos hacia la indistinción. Esta indistinción, en tanto diáspora, es el lugar de dispersión de la individualidad, de transmutación del personaje social en lo humano genérico, es el camino de incorporación a lo universal.

La escritura de Roffé atestigua el mismo movimiento: el alfabeto hebreo, cuya mención aparece en el texto que abre el libro, es menos una marca de identidad que un enigma que transforma la vigilia en sueño de sombras:

Dormir con los ojos abiertos, bien abiertos
Dormir alerta
Dormir de pie, con la frente apoyada en el vano del día
Residir la noche toda en la pura presencia de la letra
Aleph Beth Yod
el rasgo el trazo-cifra

La escritura pasa a ser un código cifrado, una huella que no se sabe a dónde se dirige. La pura presencia de la letra no remite ni a un significado ni a una historia. Las pistas que Mercedes Roffé cifrara en el alter-ego de “Los tapices” (Oziel, autor judío argelino emigrado a Francia, a semejanza de la autora, descendiente de una familia judía del norte de África emigrada a Argentina) no remiten a una identidad sino que, como afirmó Marta López-Luaces, “es otra puesta en escena, otra estrategia para lograr el efecto deseado: la descentralización del nombre del autor, con todos los supuestos de género, época y estéticas que éste conlleva” (91). El yo poético en Roffé experimenta migraciones, como en una metempsicosis donde el alma fuera de personaje en personaje, habitando otros seres humanos que vienen a interpelar al lector:

No hay distancia
Soy ella
soy la insomne
la reencontrada maltratada en el desierto
soy sus ojos
soy su espejo
soy su distancia de mí y de sí misma (15)

En estos versos se pone de manifiesto el tránsito que el yo realiza entre personajes diversos, como un actor teatral, pero sin que el yo deje de resultar, en definitiva, otro personaje. El borrado del rostro, el tránsito hacia la indistinción, tiene como contrapartida una práctica libre sobre el sí mismo, haciendo de la subjetividad un espacio de creación autónomo, a la vez que habilita dirigir una mirada crítica hacia toda construcción autoritaria de la subjetividad, que suele articularse sobre nociones tales como las de género, nación o mercado. En la enumeración de lo que este ser en tránsito ve a nivel de lo real, se intersectan cuestionamientos a estas nociones a través de una iluminación parcial sobre las grietas que lo real (en tanto que resistencia al deseo) plantea:

Hay casas y hay escombros
hay casas allanadas y casas demolidas
hay tiendas, hay iglús, hay tepes
hay lofts hay búnkers hay palacios
hay ranchos hay taperas hay ramallahs
hay veneno hay títeres hay soplones

Los espacios mencionados aluden a situaciones heterogéneas, pero tienen en común su rasgo de espacios de inscripción del poder, sea el poder estatal militar o el poder privatizado de las condiciones del mercado. La mención de la ciudad palestina de Ramallah opera como elemento interpelante de cierto tipo de identidad nacional, la judía en este caso, que aparece señalada en diversos pasajes de Las linternas flotantes. Nuevamente, las marcas de identidad están allí para ser cuestionadas. La opción por la mirada desde el lugar de enunciación que posibilita la diáspora tiene carácter político, y es una estrategia de recuperación de la libertad. Oziel, poeta decadente, viene con su voz a dar ejemplo de el ensamble de interconexiones, de cambios e intercambios, que regatea su pertenencia y su anclaje a cada paso.

(Texto de presentación de Las linternas flotantes, leído en la librería La Conjura, Montevideo, 2009)