Mi acercamiento al tema de los bienes comunes

Este texto fue remitido a los estudiantes de la New York University, que me invitaron a exponer sobre mi vinculación al tema de lo común, al que le dedican este año su congreso anual de estudiantes graduados.

Mi acercamiento al tema del bien común viene de diversos ámbitos. En primer lugar, de mi militancia en defensa de la educación pública en el movimiento estudiantil uruguayo que llevó adelante una serie de ocupaciones de centros educativos en los años 1996 y 1997.  En años más recientes, este compromiso se expresó en mi involucramiento en el grupo de promoción de políticas de acceso abierto a la producción académica que se formó en el Graduate Center de CUNY.  A partir de allí contribuí a promover en la universidad pública de la ciudad de Nueva York el uso de software libre para la publicación académica. Algunos ejemplos son el uso de Open Journal Systems (plataforma de publicación de la revista LLJournal, que se publica desde el año 2006) y CUNY Academic Commons, un desarrollo comunitario basado en BuddyPress.  Asimismo, desde este grupo, y posteriormente como miembro del comité encargado de la supervisión de la biblioteca de la universidad, apoyé la adopción de políticas institucionales de promoción del libre acceso al conocimiento y de modelos de licenciamiento de la producción académica que aseguraran la libre difusión del saber, tales como licencias GPL o Creative Commons.

Para mí es necesario que los investigadores adoptemos medidas contra las prácticas monopólicas de las grandes editoriales que lucran con el saber que producimos.  El costo del acceso al conocimiento eventualmente se traduce en un aumento del endeudamiento educativo, en un sistema donde el saber está fuertemente privatizado.  La defensa del conocimiento como bien común está, en mi caso, enraizada en la historia de la enseñanza pública latinoamericana de la que me siento parte, y en la convicción de que las nuevas posibilidades de intercambio de información que abre el software libre permiten superar, si nos animamos a hacerlo, las barreras que las formas de intercambio capitalistas que gobiernan la distribución del saber nos imponen.

Mi interés en el software libre tiene un origen en realidad bastante casual.  Mi frustración creciente con los sistemas operativos propietarios me llevó hacia 2005 a adoptar Linux en mi vida cotidiana.  Como es sabido, la rica variedad de distribuciones de Linux constituye un buen ejemplo de bien común:  un gigantesco repositorio de código accesible gratuitamente que cada usuario puede copiar, modificar y contribuir a mejorar, una vez que se interioriza de las modalidades de funcionamiento de la comunidad de usuarios y desarrolladores. Entiendo que el modo de funcionamiento de esta comunidad puede servir como modelo de referencia tanto para la creación e intercambio de saberes científicos (de allí la aparición del concepto de “Ciencia abierta”) como para la organización de movimientos políticos de carácter abierto y horizontal, como lo planteó en su momento el grupo de trabajo de TechOps en Occupy Wall Street.

Mi interés por las posibilidades que el software libre ofrece no se limita únicamente a su uso académico, cada vez más extendido, o a sus potencialidades políticas.  En mi actividad artística aprovecho los programas disponibles en los repositorios de Linux para el procesamiento de audio, como habrán podido apreciar los que hayan tenido oportunidad de ver mi trabajo como performer que la New York University me invitó a presentar en el año 2011.  La opción para mí es tanto técnica como ética.  A mi modo de ver, el uso de software propietario limita la creación artística, en la medida en que pone al creador a merced de los caprichos de las compañías que comercializan los programas, y que ven en el artista a un cliente.
Las experiencias a las que vengo haciendo referencia  me resultaron útiles cuando me involucré en la organización de Occupy Wall Street en el año 2011.  Allí mi participación se centró en servir como enlace entre el grupo de trabajo OWS en español y TechOps, de modo de asegurar la presencia de la comunidad hispana que estaba participando del movimiento.  En ese contexto, la labor de TechOps me resultó de mucho interés puesto que el grupo se proponía proporcionar al movimiento una serie de herramientas e infraestructuras informáticas que tienen un carácter autónomo respecto a las mediaciones que ejercen las grandes compañías de comunicación privadas en la red.

De Occupy Wall Street surgieron algunos proyectos en los que me involucré, como el periódico IndigNación, la Free University, y el foro Making Worlds, del que soy uno de los organizadores y también responsable de su sitio web.  En este foro nos ocupamos de reunir diversas organizaciones que trabajan en torno al tema de los bienes comunes.  Allí se nuclean algunos de los grupos de trabajo que quedaron activos desde el desalojo de OWS e intercambian información y metodologías con otras organizaciones comunitarias. La idea inicial era crear un grupo que nucleara a gente que hubiera estado participando en diversos proyectos de Occupy Wall Street, con el fin de generar un intercambio y darle continuidad al movimiento.

En el primer foro yo estuve encargado de coordinar el taller sobre arte, cultura y educación. En ese taller participaron miembros de Occupy Museums, Arts and Culture Working Group, Strike Debt y The People’s Library.  En mi exposición “From Copyright to Copyleft” yo planteé la discusión de cómo los modelos de licencias abiertas podían contribuir a un intercambio más horizontal y sostenible del conocimiento y la cultura.  En el segundo foro que realizamos este año, que tuvo una estructura más abierta, yo moderé el debate sobre el cuidado mutuo.

Zohar: la primavera árabe y la ocupación de Wall Street desde el humor y la espiritualidad

Zohar, el personaje que aparece a lo largo de las viñetas publicadas como comentario cotidiano de lo que nos pasa a partir de la aparición de nuevos movimientos sociales, es al mismo tiempo una versión del contemplador que interviene en la escena y una alusión concreta a la tradición cabalística, que se inaugura con el libro homónimo. El Sefer Zohar (“Libro del resplandor”) aparece en España por primera vez en el siglo XIII, bajo la firma de Moses ben Sem Tob de León. La firma, sin embargo, remite a diferentes sujetos de la escritura apuntados en la literatura masorética: en la tradición ortodoxa, a los patriarcas Abraham y Moisés que habrían recibido directamente de Dios el texto fundacional de la Cábala, transmitido oralmente hasta que en el siglo II después de Cristo uno de los refugiados tras la derrota de la rebelión de Bar Kojba, Shimeon Bar Yojai, lo pone por escrito. Moses ben Sem Tob de León atribuye el libro a este último; sin embargo su viuda afirmó después de su muerte que la atribución se debía al deseo de su esposo de conferir valor al libro y así poder venderlo más fácilmente.

Este tipo de ironías atraviesa la historia de la masoret, a la que Zohar alude elípticamente: entre lo apócrifo y lo genuinamente inspirado, la condición no garantizada de la existencia en la diáspora altera las condiciones específicas en las que el personaje recorre los acontecimientos que afectan nuestro presente: la primavera árabe y la ocupación de Wall Street. Zohar es un errante que pasa por estos eventos, Ahashverus que interviene en el presente para problematizarlo, para plantear la pregunta sobre cuál es la posibilidad en los contextos críticos del presente de mantener los equilibrios éticos y humanos que presentan el Zohar y el Sefer Ietzirá como modelo ideal de equilibro entre el hombre y el cosmos.

En la actividad como artista plástico de Alejandro Dron se reconoce la impronta tanto de la tradición judaica a la que vengo aludiendo como de la propuesta del movimiento MADÍ iniciado a fines de los 40 por Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin. Allí aparecen enunciados principios estéticos que apuntan a dar al arte una nueva dirección luego de lo que el manifiesto considera un fracaso de las sociedades industrializadas al terminar la segunda guerra mundial:

En los países que alcanzaron la etapa culminante de su desarrollo industrial, el viejo estado de cosas del realismo burgués desapareció casi totalmente; en ello el naturalismo se bate en retirada y se defiende muy débilmente. Es entonces cuando la abstracción, esencialmente expresiva, romántica, ocupa su lugar. En este orden están involucradas las escuelas de arte figurativo, desde el Cubismo hasta el Surrealismo. Tales escuelas han respondido a necesidades ideológicas de la época y sus realizaciones son aportes inestimables a la solución de los problemas planteados a la cultura de nuestros días. No obstante ello, su tiempo histórico debe darse por pasado, por otro lado, su insistencia en el tema “exterior” a sus cualidades propias es un retroceso al servicio del naturalismo contra el verdadero espíritu constructivo, que se extiende por todos los países y culturas, como es el caso del Expresionismo, Surrealismo, Constructivismo, etc. (Manifiesto Madí)

La respuesta será un arte abstracto, “puntos y líneas sobre una superficie”, un viraje hacia la geometría que busca su relación con las formas de arte indígenas y en general, no occidentales. Alejandro Dron redescubre de esta forma el potencial abstracto de los diseños geométricos del alfabeto hebreo, que fueron el material fundamental de sus series escultóricas: la letra como soporte abstracto de la figuración geométrica. Zohar es también una figura geométrica, la combinación de dos triángulos que hablan desde su mutismo. Letra muda, como el Aleph, está sin embargo concitando los significados que las acciones del personaje operan sobre el presente. Como Madí, su lugar de enunciación no es la voz sino la performance de una crítica.

El objeto de la crítica es el presente. Está dirigida al mismo tiempo desde el humor y la espiritualidad. Zohar es un testigo privilegiado de la inflexión actual del capitalismo, en el que los procesos de acumulación de capital que el sistema financiero venía generando ponen en peligro la existencia misma de la humanidad como especie. Este capitalismo, a diferencia del que analizó Marx y del que los miembros fundacionales de Madí conocieron, no se basa en la producción sino en el crédito. Su capital no reside en bienes concretos sino en promesas de pago, especulaciones bursátiles, en la fachada de una solvencia que se balancea sobre el vacío. Su mejor símbolo es el hueco, un hueco con el que Zohar juega, estableciendo en sus bordes la posibilidad de una existencia más allá del espacio delimitado por las relaciones de capital.

Para los que estamos involucrados en la ocupación de Wall St., Zohar resulta un aliado, que desde su mutismo puede aportar con su acción un grado conciencia crítica sobre los juegos de prestidigitación que nos ofrece el capital financiero. Su actitud paródica respecto al presente y su condición errante, nos permiten recordar que es posible abrir un espacio de autonomía siempre y cuando se mantenga respecto de las circunstancias actuales de crisis del capitalismo una distancia crítica.

Cuatro preguntas para Alejandro Dron

En el pasado, tu escultura ha trabajado sobre el modelo del alfabeto hebreo, uno de los primeros alfabetos fonéticos de la humanidad.  Los dibujos de Zohar parecen sin embargo más cercanos como escritura al jeroglífico, la imagen ideográfica que remite a una representación intelectiva de la realidad. ¿Cómo relacionas estas dos formas de significación?

Es una buena pregunta. Desde niño me fascinó el alfabeto hebreo. Desde que comencé a estudiar arte a los 10 años me atrajo la geometría. Luego me acerque a la escultura inca. Mas tarde volví a mis raíces judías, estudie Cabala, el alfabeto hebreo, como fuentes de inspiración. Después estudie el Movimiento Madí y su breve manual de sabias instrucciones.  Creo que el alfabeto hebreo fue creado con lo mínimo. Balbuceo formal y máxima sabiduría visual. Esas formas negras y austeras son pretextos para delimitar el blanco sagrado de la pagina, del universo. Zohar y mi arte escultórico muestran un despojamiento metafórico que busca sanar a través de lo real.

La poesía como la revelación mística es difícil de comunicar. Moisés tartamudeaba (y quizás Ds lo eligió por eso).  Cuando balbuceás la gema está en bruto. Cuando se la pule su brillo es artificial. Esto pasa con los dibujos de Zohar, con los temas de mis esculturas. Trato de no alejarme de esa zona poética del nanosegundo primigenio.

Has reconocido en tu trabajo la herencia del movimiento Madi iniciado a fines de los 40 por Gyula Kosice y Carmelo Arden Quin, que ofrecía un planteo fuertemente ligado a la tradición abstracta de la vanguardia.  ¿Cómo describirías el recorrido desde la abstracción hasta el comentario que sobre el presente operan tus ilustraciones?

Me lo pregunto todo el tiempo. Como siempre dibuje para hacer mi escultura, dibujar para mi es ya como escribir. Para la escultura escribo la nada que me obsesiona y no entiendo, con Zohar escribo sobre otros temas que me obsesionan y no entiendo.

El Manifiesto Madí en Argentina en 1946 opero como tabula rasa en oposición todo tipo de representación, fue una reacción en contra del surrealismo, mas precisamente de la ontología europea. Ya antes había sucedido algo así en Rusia con el suprematismo de Malevich en 1915, y con el Manifiesto Realista de Gabo en 1920. Mi amigo Jaime Davidovich, importante artista neoyorkino nacido en Argentina, ni bien conoció a Zohar me dijo que Zohar era Madí. Y agregó: “en los 50 el arte Madi en el cubo blanco, en el 60 es post-madi en el espacio publico y en el siglo XXI es Zohar vestido de Madí. esta es la idea hermano.  Destruir las diferencias entre high art y low art.” Quizas haya algo de verdad en esto.

Argentina fue en el 2001 espacio de un nuevo tipo de movimiento social que en buena medida puede decirse que antecede e incide sobre los movimientos actuales de la primavera árabe, en particular el levantamiento egipcio del 25 de enero, y sobre la ocupación de Wall St.  ¿Tus viñetas atestiguan de algún modo esa relación tuya como argentino con estos otros levantamientos?

Tanto las pirámides como los rascacielos congelan el tiempo, representan la exclusión social y generan violencia.  Cuestiono a la avaricia, el gran tema de hoy en todo el mundo, pero mas aquí en Estados Unidos. La lucha contra la avaricia es lo que los levantamientos árabes y de Wall St. tienen en común. No me interesa tanto atacar a los ricos, a las corporaciones. Prefiero concentrarme en la sin razón de la avaricia.
De la argentina me preocupa mas la avaricia ideológica.

Hoy vivimos en medio de un cambio energético social sin precedentes. Creo que la gran movida social es cambiar lo antes posible el régimen energético del petróleo por energías renovables. Asi la pirámide social se transformara en meseta social con mas inclusión. Pienso que el cambio vendrá mas por el lado de la gente y de la ciencia que por el lado político o corporativo.

En tus ilustraciones hay muchos comentarios que se hacen desde la espiritualidad, ya señalada desde el propio nombre del personaje, que en definitiva remite a un libro central para la cábala.  ¿Se puede entender Zohar como una mirada desde la tradición judía (una mirada masorética stricto sensu), en donde el humorismo que la atraviesa tiene también un rol?

Creo que el creador se inclina mas por Abel, el pastor que pasa caminando sobre la tierra que Cain quiere poseer. Con Zohar -que es un Abel encubierto- hago política. Con el me paseo por estos levantamientos sociales caminando entre cuerpos, piramides, pozos y rascacielos con bolsito y carpa. Y creo situaciones para pensar y disfrutar, como Haikus visuales.

Después del Shoa Zohar se quedo mudo. Vive mirando mientras camina sin parar. Enfrento rostros para sentirnos mas responsables como decía Levinas.

Creo que sí, que hay una manera de pensar judía. Una mecánica diferente. Un cuerpo real. No un cuerpo sustituto de dogmas. Un modelo Abelino mas que Cainitico. Practica sobre teoría. Normativa. Unidad vs. dualidad. Tensión entre fijo y móvil, entre ley e interpretación. Interpretación que molesta a los poderes establecidos, a los dogmas, a los cánones. Esto -y- lo otro: política de la contradicción. El día comienza por la noche…De la noche se pasa a la luz del día, etc, etc.

El pensamiento judío juega en pareja a la pelota/paleta con el frontón de lo absoluto. ¡Tamaño compañero de juego! Zohar es un Zelig que busca su pareja en este peculiar deporte. No le teme a aumentar la entropía. Y aventurarse en intentar construir algún sentido u orden del fenomenal caos en que vivimos. ¿Su estilo? Brutal ternura y mucha cabeza.

Presentación de la nueva antología bilingüe de poesía uruguaya

 

Imagine Uruguay

El próximo viernes 20 de julio a las 7:30 de la tarde, se va a presentar la antología Imagina Uruguay.  Antología de Poesía Uruguaya Contemporánea en la librería McNally Jackson, ubicada en 52 Prince St., Nueva York (ver mapa).

Selección y prólogo:

Laura Alfonzo Duarte
Elizabeth García de los Santos

Los poetas incluidos  en esta antología son:

Pedro Dalton
William Johnston
Virginia Lucas
Mariella Nigro
Thiago Rocca
Daniel Vázquez
Marcos Wasem (un servidor)

Traducción de Pedro Dalton, William Johnston, Virginia Lucas, Pablo Thiago Rocca, Daniel Vázquez y Marcos Wasem a cargo de Elizabeth Hampsten y Andrés Hernández. Colaboradora:  Silvina Coalla.
Traducción de Mariella Nigro a cargo de Laura Chalar.

A los que estén por la ciudad, nos alegraría verlos por allí.

El libro se puede adquirir en el sitio web de McNally Jackson.

Quién era Flores

PosadasHace un tiempo me han vuelto a preguntar quién era Flores, el personaje histórico al que está dedicado el poema “Cadáveres” de Néstor Perlongher.  Como no lo he señalado en mi libro sobre su poesía, creo que es bueno hacerlo. El dato aparece en un artículo de Osvaldo Coggiola sobre la historia del trotskismo en Argentina, publicado originalmente en la revista del Centro de Estudios Históricos y Sociales sobre América Latina de la Universidad de París III en 1980 y recogido en el 89 por la revista británica Revolutionary History.1   Allí se consigna que Flores era un seudónimo temprano de Homero Cristali, mejor conocido más tarde con otro seudónimo, Posadas, fundador de la Internacional posadista, jugador de fútbol en Estudiantes de la Plata y teórico de la revolución permanente a nivel interplanetario.

“Flores” era el seudónimo que Cristali usaba en los años cuarenta, durante su período de militancia en Córdoba.  Durante esos años, la sección argentina de la cuarta internacional había sido creada de forma autónoma, y no tenía contacto con la Comisión latinoamericana de esa organización.  Los diferentes grupos trotskistas argentinos estaban aislados y dispersos en el país, y no habían participado de instancias a nivel internacional. Con el fin de unir los diversos grupos dispersos e integrarlos, en 1941 Terence Phelan (seudónimo de Sherry Mangan) llega a Argentina, como apunta Coggiola:

In Argentina Phelan also noted the weakness and fragmentation of the groups of Trotskyists. Displaying great energy, he travelled throughout the country and convinced the ‘regional’ groups of La Plata, Santa Fe, led by Narvaja, and Córdoba, where there were both Esteban Rey and ‘Flores’ (an early pseudonym of Posadas) – to join the unity process. Eventually, he succeeded in uniting them all in a Unity Committee in which, in August, he then proposed that the LOR participate.

“Cadáveres” fue escrito en 1981, el año de la muerte de Posadas en Roma.  La filiación trotskista de Perlongher dejó varias huellas en su poesía.  El caso más notorio es el poema “Lago Nahuel”, dedicado al histórico dirigente trotskista Nahuel Moreno del PRT.  Christian Ferrer y Osvaldo Baigorria consignan en la edición de Prosa plebeya que, del mismo modo  que “Cadáveres” fue dedicado a Posadas, “Lago Nahuel” fue escrito a raíz de la muerte de este dirigente trotskista:

Durante su militancia trotskysta Perlongher trató personalmente a Nahuel Moreno, dirigente histórico de esa corriente política en Argentina.  A propósito de su fallecimiento escribió este poema el 27 de enero de 1987, luego publicado en Hule.

El tema de las relaciones de Perlongher con los partidos de izquierda en los que militó (PO, PRT, más adelante el PT de Brasil, cuyo surgimiento analiza en el ensayo “Devenires minoritarios”) es complejo, dado que su periplo por las militancias izquierdistas no estuvo exento de desencuentros. Con todo, como ha señalado Flavio Rapisardi en un artículo con enfoque histórico sobre el movimiento homosexual en Argentina, si bien es cierto que la temática sexual podía resultar incómoda a ciertos cuadros dirigentes, en particular los vinculados al Partido Comunista, pero también a Montoneros (que, como cantaban, no eran “putos ni faloperos”; Perlongher dedica un espacio importante a la relación del FLHA con el peronismo en su “Historia del FLH”), era sin embargo la izquierda el único espacio político donde podía empezarse a plantear un debate sobre la opresión a la homosexualidad. Ello en el marco más general del funcionamiento de la opresión en el seno del capitalismo, del cual la homofobia sería una expresión coherente a la ética inherente al “espíritu del capitalismo”, como lo denominara Weber.

El costado político y militante de Perlongher ha venido siendo analizado, entre otros por Ben Bollig en un extenso estudio (el más comprensivo, a mi modo de ver, sobre su obra, que tuve oportunidad de reseñar) y más recientemente en un trabajo que presentaron Mario Castells y Carla Benisz a las I Jornadas de historia de la crítica en Argentina. Ambos señalan el distanciamiento paulatino de Perlongher del trostskismo. Ben Bollig es más específico, al calificar su deriva política como una asunción de posiciones crecientemente anarquistas. De todos modos, las huellas del la militancia trotskista de Perlongher son apreciables a lo largo de toda su obra, así como en algunas estrategias, entre la que llama la atención su particular interpretación del “entrismo”, que parece haber sido reciclado incluso en sus acercamientos antropológicos al miché paulista.

Recuerdo que una vez, cuando tuve oportunidad de exponer mi  investigación sobre Perlongher en NYU, se me hacía notar lo problemático de establecer una relación entre las posturas políticas de Perlongher y la izquierda dada la historia de conflictividad que ésta había tenido en el pasado con los movimientos por los derechos de las minorías sexuales, cuando no abierta homofobia (que por supuesto, no es patrimonio exclusivo de ningún sector político).  Creo que en primera instancia habría que preguntarse qué izquierda, cuál de todas, y también cuándo:  hoy por hoy, las izquierdas latinoamericanas han incorporado las reivindicaciones de estos movimientos a sus agendas políticas. Mi percepción es que, en el caso de Perlongher, como una suerte hijo pródigo del trotskismo, sus cuestionamientos políticos a los partidos de izquierda se hacen desde una verdadera oposición de izquierda, desde una radicalización revolucionaria a partir de lo sexual, que no está exenta de una tradición en el seno del pensamiento socialista ya en el siglo XIX, como lo prueban los debates sobre el amor libre entre los anarquistas de aquel tiempo.


1 Revolutionary History. Vol. 2 No. 2, verano de 1989. Nationalism, resistance and imperialist war: Trotskyism in Argentina and Scandinavia. Accesible en: http://marxists.org/history/etol/revhist/backissu.htm. Ver la segunda parte del artículo para la referencia.

Periplos okupa

Publicado en Freeway (Montevideo) y en Indig-NACIÓN (Nueva York)

Salí de Uruguay en el año 2000, para irme a vivir a Jerusalén por cinco años más, y terminar en Nueva York. Un periplo removedor, sin duda, en todo sentido de la palabra:  remoción física y mental. Mi vida en esos años de recrudecimiento del sempiterno conflicto árabe-israelí me eximieron de toda mirada turística hacia el estado de Israel y su política de ocupación. Las vueltas de la vida universitaria me trajeron a Estados Unidos, desde donde escribo estas páginas ahora mismo. Acá también hay un par de guerras, pero se ven por televisión, codificadas con estética de videojuego en los reportes de Fox News que el almacenero (aquí le llaman bodeguero) de abajo del edificio donde vivo pasa las veinticuatro horas. En el 2009 llegó la crisis. Mi madre, conversando un día por teléfono, un día me decía que yo debía ser “gafe”, porque a cada lado que iba, se armaba quilombo. Recuerdo que el día que me subí al avión para ir a Israel, Ariel Sharón había ido a la explanada de las mezquitas en Jerusalén. Al día siguiente —día de mi aterrizaje— comenzó la segunda Intifada, que formaría parte de mi experiencia cotidiana los siguientes cinco años. Llegado a Nueva York, el gobierno desastroso de G. W. Bush logró, sin proponérselo, cumplir con el sueño anti-imperialista del derrumbe del imperio.

Una de las respuestas fue el movimiento Ocupar Wall Street, surgido de una iniciativa del grupo canadiense Adbusters, como una forma de trasladar al seno de la sociedad estadounidense, y en particular a la “barriga del monstruo” (alusión martiana a Nueva York, que para mi sorpresa estaba bastante extendida entre la gente que participaba del movimiento) la experiencia de levantamientos populares que se venía dando en Medio Oriente y Europa, y que también tenía sus antecedentes en las movilizaciones latinoamericanas que marcaron el fin del apogeo ideológico neoliberal, en particular, el movimiento asambleario argentino, en el que habían participado algunos de los  organizadores de la ocupación del parque Zuccotti en Nueva York.

La idea no era extraña para mí. Yo ya había participado en las ocupaciones que llevó a cabo el movimiento estudiantil en Uruguay en el año 1996, y en Israel había tenido oportunidad de participar en las reuniones de Ta’ayoush, el grupo de cooperación árabe-judío, que si bien se centraba en la lucha contra la ocupación militar de Palestina por el ejército israelí, había tenido que acudir a la táctica de la ocupación en algunas ocasiones. Una de ellas fue la ocupación de la cancha de fútbol de la universidad palestina de Al-Quds, en Jerusalén oriental, para evitar que el muro que estaba construyendo el gobierno de Israel atravesara el campus universitario. Unas semanas después de esa acción  volví al lugar, para comprobar que el muro se combaba eludiendo la cancha, y seguía un poco más al norte con la ruta prefijada, para reunirse con el tramo construido en Samaria.

Las ambigüedades semánticas del término ocupar no estuvieron ajenas al debate del movimiento Ocupar Wall Street: por ejemplo, los puertorriqueños plantearon la necesidad de incorporar la retórica de la desocupación en casos de dominación colonialista. Llamaron a las asambleas en San Juan (Des)ocupa Puerto Rico. Pero más allá del debate sobre los términos y la semántica, lo que personalmente me llamó la atención fue el hecho de que en esas tres diferentes experiencias políticas en las que había participado con tantos quilómetros de distancia alrededor del mundo (Uruguay, Israel, Estados Unidos) existían ciertos denominadores comunes: la toma de decisiones por consenso en una dinámica asamblearia, la búsqueda de mecanismos de participación política horizontales o el aprovechamiento de medios de comunicación alternativos, como radios comunitarias o las redes sociales de internet.

En este sentido, importa constatar la importancia creciente que estos medios han tenido. Cuando participé en la ocupación del Instituto de Profesores Artigas (donde estudiaba la carrera de literatura en Montevideo) en el año 96, nuestra estrategia se basó en montar una radio comunitaria con una antena en el techo del edificio. Las posibilidades de alcance eran modestas en ese entonces. Internet, por aquella época, estaba en pañales. Pero a lo largo de los años, la expansión del acceso, la ubicuidad de las redes p2p y el advenimiento de la web 2.0 hicieron que el potencial político de estas nuevas maneras de comunicación comenzara a ser aprovechado cada vez más por los movimientos sociales. En ese sentido, Ocupar Wall Street viene generando una serie de experimentos de participación política horizontales en línea, siguiendo modalidades de trabajo y procesos de toma de decisión provenientes de los métodos de elaboración del software libre, donde la comunidad de usuarios puede acceder al código fuente de los programas informáticos, testearlo, desarrollarlo y contribuir mejoras a su funcionamiento. En ese sentido, el foro de la Asamblea General de Nueva York (http://nycga.net) basado en la plataforma abierta de BuddyPress, es un ejemplo, entre otros, de puesta en práctica de esta filosofía, y funciona como plataforma permanente de debate tanto de la asamblea general como de los grupos de trabajo.

En el conjunto del movimiento, existen unos ciento veinte grupos de trabajo que se focalizan en diversas tareas, desde asuntos operativos, como acciones directas u organización de eventos, así como de la cocina o la infraestructura informática y mediática, hasta proyectos de debate sobre alternativas al neoliberalismo: grupos de trabajo sobre economías alternativas (“Like it or not, Marx is back”), contra los desalojos de los hogares (una de las caras más tristes y visibles en la actual crisis estadounidense), temas educativos (creación de una “universidad nómade”, la iniciativa contra el endeudamiento universitario y por el libre acceso a la educación, etc.).

Si bien una de las críticas que más han sonado sobre este movimiento ha sido su falta de demandas concretas, para los que venimos participando en la asamblea general y los grupos de trabajo está muy claro que se trata menos de demandar que de poner en práctica alternativas de discusión política y de comunicación que tienen la ventaja de impedir toda cristalización pasible de ser cooptada por los poderes estatales. Si bien se han propuesto demandas específicas (como la reivindicación de un programa laboral público, “Trabajo para todos”, a ser financiado por medio de una redistribución fiscal que apunte a romper con el ciclo de acumulación del capital, y que no tenga en cuenta el estatus migratorio ni el pasado penal de los beneficiarios), no es la finalidad del movimiento presentar demandas a un gobierno que se ha mostrado poco efectivo en llevarlas a cabo (de allí la gran decepción con las promesas electorales de Obama), sino más bien de transformar por la vía de los hechos la esfera pública, haciendo que cambien por completo los términos del debate político tal como se venía dando hasta el momento.

Las linternas flotantes, de Mercedes Roffé

Mercedes Roffé sigue la huella de la poesía decadentista, huella que en nuestro medio ha tenido sus seguidores, desde Delmira Agustini o Roberto de las Carreras hasta cultores más recientes, como Julio Inverso o Marosa Di Giorgio. Esta voz, venida de allende el Plata, aunque actualmente la autora resida en Nueva York, aparece en la literatura argentina bajo el antifaz de un alter-ego, Ferdinand Oziel, autor olvidado de un libro (El tapiz) del que sólo podemos apreciar el rescate fragmentario de unos textos mutilados por la censura. El fragmento como condición necesaria de una escritura que no se somete a una voz autorial es un rasgo que reaparece en Las linternas flotantes, este último libro de Roffé, donde es válida la propuesta que Teresa Porzecanski hace sobre el texto como diáspora, cuando la crítica se refiere a las escrituras de Perlongher y Lispector:

Se ha reflexionado mucho respecto de la relación entre texto e identidad en las literaturas llamadas “étnicas”. En oposición a las hipótesis que sostienen que los autores étnicos escriben para “recuperar” o “elaborar” sus identidades culturales, estos […] escritores judíos latinoamericanos […] parecen haber escrito para esfumar sus rostros, para pasar de una identidad y circunstancia reconocibles por sus referentes (la biografía, por ejemplo), a otra de tránsito, de nomadismo, de peregrinaje. Han escrito para transitar de sí mismos hacia la indistinción. Esta indistinción, en tanto diáspora, es el lugar de dispersión de la individualidad, de transmutación del personaje social en lo humano genérico, es el camino de incorporación a lo universal.

La escritura de Roffé atestigua el mismo movimiento: el alfabeto hebreo, cuya mención aparece en el texto que abre el libro, es menos una marca de identidad que un enigma que transforma la vigilia en sueño de sombras:

Dormir con los ojos abiertos, bien abiertos
Dormir alerta
Dormir de pie, con la frente apoyada en el vano del día
Residir la noche toda en la pura presencia de la letra
Aleph Beth Yod
el rasgo el trazo-cifra

La escritura pasa a ser un código cifrado, una huella que no se sabe a dónde se dirige. La pura presencia de la letra no remite ni a un significado ni a una historia. Las pistas que Mercedes Roffé cifrara en el alter-ego de “Los tapices” (Oziel, autor judío argelino emigrado a Francia, a semejanza de la autora, descendiente de una familia judía del norte de África emigrada a Argentina) no remiten a una identidad sino que, como afirmó Marta López-Luaces, “es otra puesta en escena, otra estrategia para lograr el efecto deseado: la descentralización del nombre del autor, con todos los supuestos de género, época y estéticas que éste conlleva” (91). El yo poético en Roffé experimenta migraciones, como en una metempsicosis donde el alma fuera de personaje en personaje, habitando otros seres humanos que vienen a interpelar al lector:

No hay distancia
Soy ella
soy la insomne
la reencontrada maltratada en el desierto
soy sus ojos
soy su espejo
soy su distancia de mí y de sí misma (15)

En estos versos se pone de manifiesto el tránsito que el yo realiza entre personajes diversos, como un actor teatral, pero sin que el yo deje de resultar, en definitiva, otro personaje. El borrado del rostro, el tránsito hacia la indistinción, tiene como contrapartida una práctica libre sobre el sí mismo, haciendo de la subjetividad un espacio de creación autónomo, a la vez que habilita dirigir una mirada crítica hacia toda construcción autoritaria de la subjetividad, que suele articularse sobre nociones tales como las de género, nación o mercado. En la enumeración de lo que este ser en tránsito ve a nivel de lo real, se intersectan cuestionamientos a estas nociones a través de una iluminación parcial sobre las grietas que lo real (en tanto que resistencia al deseo) plantea:

Hay casas y hay escombros
hay casas allanadas y casas demolidas
hay tiendas, hay iglús, hay tepes
hay lofts hay búnkers hay palacios
hay ranchos hay taperas hay ramallahs
hay veneno hay títeres hay soplones

Los espacios mencionados aluden a situaciones heterogéneas, pero tienen en común su rasgo de espacios de inscripción del poder, sea el poder estatal militar o el poder privatizado de las condiciones del mercado. La mención de la ciudad palestina de Ramallah opera como elemento interpelante de cierto tipo de identidad nacional, la judía en este caso, que aparece señalada en diversos pasajes de Las linternas flotantes. Nuevamente, las marcas de identidad están allí para ser cuestionadas. La opción por la mirada desde el lugar de enunciación que posibilita la diáspora tiene carácter político, y es una estrategia de recuperación de la libertad. Oziel, poeta decadente, viene con su voz a dar ejemplo de el ensamble de interconexiones, de cambios e intercambios, que regatea su pertenencia y su anclaje a cada paso.

(Texto de presentación de Las linternas flotantes, leído en la librería La Conjura, Montevideo, 2009)

Una reflexión sobre el tema educativo

En Sleep Dealer, una película de ciencia ficción del cineasta mexicano Álex Rivera, se presenta, bajo el sello inconfundible de la estética cyberpunk, un cercano futuro posible en el que la muralla que se está construyendo entre la frontera de México y Estados Unidos ya está terminada y el paso desde el sur al norte es imposible.  Eso da origen a un nuevo tipo de actividad económica, posibilitada por las nuevas tecnologías.  Una empresa llamada Cybracero Systems crea un modelo de negocio en el cual los trabajadores mexicanos se conectan a través de internet a unos robots que hacen el trabajo manual al otro lado de la frontera.  El nombre alude al Bracero Program de los años 40, cuando Estados Unidos habilitó el ingreso de trabajadores rurales mexicanos para suplir la falta de mano de obra, consecuencia del enrolamiento masivo en el ejército durante la segunda guerra munidal.   En el futuro cercano que describe la película, los coyotes pasan a ser “cycoyotes”, pues ya no hacen el trabajo de pasar obreros clandestinamente por la frontera, sino que ofrecen implantar los nodos que permiten entrar a trabajar en la nueva empresa en el cuerpo de los trabajadores.  La tecnología de Cybracero Systems se basa en una fuerte integración de lo digital y lo biológico, que conecta a los trabajadores con la “economía global”.

Recientemente, en una entrevista radial al sociólogo uruguayo Renato Opperti escuché una propuesta que me resultó siniestramente (en el sentido freudiano del término) similar al futuro descrito en esta película.  El sociólogo proponía (entre otras muchas cosas) “conectar en redes escuelas y liceos privados con escuelas y liceos públicos, para que se apoyen mutuamente”.  Puesto así parece ser un fin muy loable, y lo es, aunque oculta en su formulación el problema  de integración social que implica la brecha entre la educación pública y la privada.

Uruguay viene haciendo desde hace un tiempo una experiencia de integración en red de su enseñanza pública, que comenzó en la enseñanza primaria y se está extendiendo en la actualidad a la secundaria a través de la aplicación del programa OLPC, conocido localmente como Plan Ceibal.  En Nueva York hemos tenido la oportunidad de conocer el proyecto a través de la charla que ofreció el ingeniero Miguel Brechner en la New School en 2009, y a la teleconferencia brindada por la socióloga Ana Laura Martínez en el Graduate Center de la City University of New York, en 2010.

El esfuerzo de incorporación tecnológica tiene entre sus fines el objetivo explícito de una mayor integración social.  Justamente, entre los problemas que identifica el sociólogo en la educación uruguaya, está el de la integración, ventaja tradicional del sistema educativo uruguayo, cuya vocación universalista no logra abarcar las diversidades sociales que existen en la actualidad.  Afirma el sociólogo:

La igualdad de oportunidades se concibió básicamente como el acceso a un conjunto de servicios sociales básicos (por ejemplo en educación, salud y seguridad social) y de protección social del trabajador, igualando a las personas en sus puntos de partida.  Este concepto igualador, uno de cuyos ejemplos más destacados fue la red de más de 1.000 escuelas rurales ya forjada a mediados de la década de los cincuenta (CIDE, 1966), se ha ido ampliando y afinando para también abarcar progresivamente, aunque con bastante menor éxito, la igualación en las condiciones y en los procesos de prestación de los servicios sociales así como en los resultados obtenidos. El concepto de equidad fue sustituyendo al de justicia como criterio orientador en el diseño y en la evaluación de políticas y programas enfatizando el abordaje de las brechas en la adquisición de aprendizajes y de competencias (Cambiar las miradas y los movimientos en Educación: ventanas de oportunidades para el Uruguay, 29-30).

Al leer esto, uno se pregunta si no habrá que recobrar el antiguo concepto de justicia (social, agregaría yo) ya que la noción de equidad que orienta las nuevas políticas educativas no parece responder a los desafíos que pretende resolver.  Porque, a mi modo de ver, el término diversidad tal como se presenta en el documento esconde, de hecho, la injusticia social.

El mito de que la educación privada es mejor que la pública (promovido, no nos engañemos, por los negociantes de la enseñanza) tiene mucho que ver con la diversidad a que hace referencia Opperti:  a diferencia de esa educación integrada que describe la cita anterior, hoy nuestra educación experimenta una brecha profunda de corte eminentemente clasista.  Yo coincido con el diagnóstico de que esta falta de integración que la brecha entre lo público y lo privado tiende a generar incide en el deterioro del nivel educativo uruguayo.  Sin embargo, creo que, si bien la tecnología puede cumplir un rol en la integración social (así lo demuestra la experiencia del Plan Ceibal, a que hice referencia antes), el hecho simple de que los niños  o los jóvenes estén sentados unos junto a otros contribuiría mucho más a la integración social que una conexión inalámbrica.  Esa educación igualitaria del viejo Uruguay (¿por qué seremos nostálgicos de algo que no conocimos?) a que hace referencia Opertti, tenía aparentemente la virtud de crear la ilusión de que en los ámbitos educativos, las diferencias sociales se borraban.  Hoy, eso ya no existe.  Existe un sistema educativo público, al que se le reclama que forme para “el mercado de trabajo” (entiéndase:  para ser empleados), y una serie de instituciones privadas, que forman elites.  Ello está teniendo consecuencias negativas para la educación en su conjunto, aparentemente.

La solución propuesta, ¿no conlleva el riesgo de que la brecha social se exprese a través de una pantalla de laptop?  Si hoy los pobres son invisibles para un estudiante de una institución educativa con carácter elitista, mañana los pobres serán aquellos avatares que aparecen en la pantalla.  Me viene a la mente otra película (esta entrada de blog me ha salido cinematográfica), la chilena Machuca, donde el director de un colegio privado, el Saint George’s College, hace una experiencia de integración social durante el gobierno de Allende, con la consiguiente protesta de los papás de los nenes “bien” cuando les llenan el cole de “rotos”.  En esa época no había internet, ¿pero era necesario para acercar unos gurises que vivían a unas cuadras unos de otros?  Chile tiene de hecho hoy mismo un problema tremendo de justicia en el acceso a la enseñanza, lo que está provocando la movilización de sus estudiantes y docentes.

Aclaración:  esto lo dice alguien que hizo toda su educación en el sector público Uruguayo, de primaria al IPA, hasta salir de Uruguay.  Le agradezco a la escuela y el liceo públicos, además de una excelente formación (que me dio herramientas invaluables cuando hice mis posgrados en Jerusalén y Nueva York), la vivencia de los problemas sociales reales de mi comunidad, algo que ninguna prueba estandarizada, que yo sepa, se dedica a evaluar.

Audio y video

Nuestros amigos del KJCC pusieron los videos de las performances que hicimos en NYU.   Aquí se los dejo.

También hay archivos de audio de mi trabajo:

La cachila blindada [ogg] [mp3]
Common Medications in Psychiatry [ogg] [mp3]

Los trabajos de Ernesto se pueden ver en el último número de VPP. IMPORTANTE: El sitio de VPP usa html5 y formatos de fuente abierta, y es por lo tanto visible con navegadores que lean esos formatos nativamente, como Firefox, Chrome y Opera.

Sound Side of the Word II @ KJCC

El próximo jueves estaremos presentando, con Ernesto y Sabrina, la performance “Sound Side of the Word”.  Será en el King Juan Carlos Center de NYU, a las 7 de la tarde.  Como venimos haciendo ya algún tiempo, vamos a presentar una serie de performances multimedia, utilizando las tecnologías que el software libre proporciona.  Esperamos verlos, pueden encontrar toda la información en el programa del KJCC:

http://www.nyu.edu/kjc/newsletter/newsletter_03_28_11.html